17 abril, 2026

 Notas sobre las elecciones 2026 (iv)

Los “partidos”

Uno de los cambios más importantes hechos en las reglas electorales consiste en un elemento clave de la inscripción de los mal llamados “partidos”. Hasta hace unos años, los partidos se inscribían presentando un conjunto de firmas que expresaba el apoyo de las personas a la inscripción. Es decir, un número de ciudadanos debía expresar su acuerdo con que un partido tenga existencia en el registro oficial. Ahora eso no es así, buscando que los partidos sean más sólidos, se ha pedido un registro de afiliados (militantes) pero, por supuesto, siempre hay una forma de sacarle la vuelta a la norma y reclutar militantes se convirtió en conseguir firmas (o comprar firmas en algunos casos).

Creo que la ilustración más cabal de esta situación se aprecia en algunos resultados electorales de 2026. Según el Registro de Organización Políticas (ROP):

(i)             Perú Libre cuenta con 219,140 militantes. Al mismo tiempo su candidato presidencial y dueño del partido lograría sólo unos 100 mil votos. Es decir, más de la mitad de sus “militantes” no ha votado por él cosa que podría ser perfectamente comprensible en este caso, pero que llama la atención.

(ii)            Avanza País tiene 51,398 militantes y conseguiría unos 28 mil votos.

(iii)           La alianza electoral Venderemos compuesta por Nuevo Perú (43,013 militantes), Voces del Pueblo (68,191 militantes), Unidad Popular(34,197 militantes, RUNA (33,966 militantes), APU (42,944 militantes) y PC del P-Patria Roja (no inscrito en el ROP), Humanismo Andino (tampoco inscrito) y Dignidad Nacional (tampoco inscrito), tendría -al menos contando slo a los inscritos- 222,311 militantes y sólo conseguirían 142 mil votos.

(iv)           La alianza Unidad Nacional conformada por el Partido Popular Cristiano (39,386 militantes) y Peruanos Unidos (34,600 militantes) sólo lograría unos 70 mil votos.

Es decir, tenemos muchos casos (los mencionados nos son los únicos) en los cuales ni sus militantes votan por ellos.

Claramente, tenemos un sistema electoral y de partidos que no funciona. Por lo que varios hemos dejado de pensar en posibles reformas y estamos considerando que la opción más razonable es hacerle caso a los que inventaron la democracia en la Grecia clásica: las elecciones no son un buen mecanismo pues facilitan diversas formas de pervertir el sistema, la lotería cívica funciona mejor pero no podemos verla como una acción aislada. Por ejemplo, un parlamente formado por sorteo entre los ciudadanos con seguridad nos daría un resultado mejor que lo que hemos tenido en los últimos 10 años, pero necesita ir acompañado de cosas elementales como que el personal del Congreso sea de carrera y asociado a las comisiones como asesores especializados de éstas, y no que tener contratos a discreción de los congresistas que luego le mocharán el sueldo, le encargarán que le cargue las bolsas del mercado o que le corte las uñas. 

Necesitamos construir una opción política que esté dispuesta a plantear reformas serias profundas, pues, de lo contrario, seguiremos en esta espiral de decadencia. Simplemente pensemos en el tiempo transcurrido desde 1978 (con la Asamblea Constituyente): hemos pasado de un Congreso presidido por Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez a uno presidido por Fernando Rospigliosi, nada más ilustrativo de la decadencia. Hemos tenido candidatos malos en más de una ocasión, pero que uno que pelee la entrada a la segunda vuelta no sea capaz de articular una idea, mienta de modo sistemático, destile odio cada dos frases y, además, se exprese con el nivel de violencia y vulgaridad que hemos visto estos días … ya estamos muy en el fondo de la cloaca del infierno.

 Notas sobre las elecciones 2026 (iii)

Los que no contamos

Un elemento muy importante de la descomposición del sistema político nacional es el rechazo ciudadano al elenco político existente. Muchas personas se preguntan cómo es posible que, si el 90% del país rechaza el accionar de la mayoría parlamentaria, tantos hayan votado por los que la componen. ¿Es esto así?

Si sumamos los votos obtenidos en la elección presidencial por Fuerza PopularRenovación PopularPerú LibrePodemos PerúAvanza PaísAlianza para el Progreso y el Partido Aprista (que no estuvo en este último Congreso, pero ha hecho méritos para ser incorporado en esta lista) encontramos que el 66,4% de los peruanos no hemos votado por ellos. Así, sí ha habido un rechazo y una búsqueda de otras opciones que, por atomizadas, hacen que algunos aparezcan en los primeros lugares con votaciones bajas. Veamos esto último en mayor detalle:

 

1980

1985

1990

1995

2000

2001

2006

2011

2016

2021

2026

Total

6,470,947 

8,341,734 

10,013,225 

12,280,538 

14,567,468 

14,906,233 

16,494,906 

19,949,915 

22,901,954 

25,287,954 

27,325,432 

Votantes

5,307,465 

7,557,182 

7,866,858 

9,069,644 

12,064,428 

12,264,349 

14,632,003 

16,699,734 

18,734,130 

17,713,716 

20,235,114 

Primero

1,870,864 

3,457,030 

2,171,957 

4,798,515 

5,528,394 

3,871,167 

3,758,258 

4,643,064 

6,115,073 

2,724,752 

2,364,905 

Segundo

1,129,991 

1,606,914 

1,937,186 

1,624,566 

4,460,812 

2,732,857

2,985,858 

3,449,595 

3,228,661 

1,930,762 

2,006,115 

No en dos primeros (votantes / electores)

0.435

0.330

 0.478 

 0.292 

 0.172 

 0.462 

 0.539 

 0.515 

 0.501 

 0.737 

 0.784

0.536

0.393

0.590

0.477 

0.314 

0.557

0.591

0.594

0.592

0.816

0.840

Nota: valores correspondientes a las primeras vueltas de cada elección. El dato de 2026 es una estimación propia a partir de la información observada para el 93,3% de las actas (procesadas).

Lo que vemos en esta tabla es que los candidatos con las dos primeras votaciones solían convocar a aproximadamente la mitad de la población o marcadamente más -como en 1985, 1995 y 2000 (aunque es mejor no considerar estos dos últimos resultados por tratarse de elecciones en medio de un contexto dictatorial)- lo que ha cambiado dramáticamente en las últimas dos elecciones. En 2021 los dos primeros candidatos sumaron el apoyo del 26,3% de los votantes (18,4% del total de electores) y en 2026 estos valores serían aún menores (21,6 y 16,0 respectivamente). Es decir, la segunda vuelta de 2021 se realizó entre candidatos por los que 4 de cada 5 peruanos no votó y hoy tenemos una situación aún peor.

Así, es posible afirmar que el resultado electoral (al menos en las dos últimas elecciones) no logra expresar la voluntad mayoritaria de la ciudadanía debido a dos factores principales: un sistema de intermediación de esa voluntad (partidos) que no funciona pues las organizaciones son principalmente grupos de interés (legal o no) carentes de proyectos o articulación sustantiva con la población con lo que movilizan muy poco respaldo y debido a un sistema de reglas electorales que propicia la atomización ya que ello permite capturar el poder político con niveles bajísimos de apoyo ciudadano.

En este marco, resulta ilustrativo ver la votación lograda por la candidatura presidencial de Keiko Fujimori en las primeras vueltas de los 4 procesos de los que ha sido parte: claramente se aprecia una importante aceptación en 2011 (3,5 millones de votos) que crece en 2016 (6.1 millones de votos) y luego sufre una estrepitosa caída en 2021 (1,9 millones de votos) muy probablemente como resultado de la manera como operó la mayoría parlamentaria fujimorista en el quinquenio 2016-2021 y ahora se aprecia una recuperación (2,4 millones de votos) que probablemente obedezca a personas que por su edad no han experimentado la labor parlamentaria de personajes como Cecilia Chacón, Rosa Bartra, Yesenia Ponce, Karina Beteta, Héctor Becerril, Carlos Tubino, Lúcio Avila, Javier Velásquez Quesquén (no me digan que era de otra bancada), etc.

A esta evolución del respaldo ciudadano medido en votos debemos añadir lo que esos votos representan en una población electoral creciente: Keiko Fujimori ha quedado segunda en 2021 y primera en 2026 con el apoyo de aproximadamente uno de cada 10 peruanos. Esta es una receta certera para la ilegitimidad más allá de que las segundas vueltas fuercen una decisión que, además, se organiza mediante una disyuntiva en la que hemos pasado del Panetón Tottus al Panetón Tottus agusanado.