Notas sobre las elecciones 2026 (iv)
Los “partidos”
Uno de los cambios más importantes hechos en las reglas electorales consiste en un elemento clave de la inscripción de los mal llamados “partidos”. Hasta hace unos años, los partidos se inscribían presentando un conjunto de firmas que expresaba el apoyo de las personas a la inscripción. Es decir, un número de ciudadanos debía expresar su acuerdo con que un partido tenga existencia en el registro oficial. Ahora eso no es así, buscando que los partidos sean más sólidos, se ha pedido un registro de afiliados (militantes) pero, por supuesto, siempre hay una forma de sacarle la vuelta a la norma y reclutar militantes se convirtió en conseguir firmas (o comprar firmas en algunos casos).
Creo que la ilustración más cabal de esta situación se aprecia en algunos resultados electorales de 2026. Según el Registro de Organización Políticas (ROP):
(i) Perú Libre cuenta con 219,140 militantes. Al mismo tiempo su candidato presidencial y dueño del partido lograría sólo unos 100 mil votos. Es decir, más de la mitad de sus “militantes” no ha votado por él cosa que podría ser perfectamente comprensible en este caso, pero que llama la atención.
(ii) Avanza País tiene 51,398 militantes y conseguiría unos 28 mil votos.
(iii) La alianza electoral Venderemos compuesta por Nuevo Perú (43,013 militantes), Voces del Pueblo (68,191 militantes), Unidad Popular(34,197 militantes, RUNA (33,966 militantes), APU (42,944 militantes) y PC del P-Patria Roja (no inscrito en el ROP), Humanismo Andino (tampoco inscrito) y Dignidad Nacional (tampoco inscrito), tendría -al menos contando slo a los inscritos- 222,311 militantes y sólo conseguirían 142 mil votos.
(iv) La alianza Unidad Nacional conformada por el Partido Popular Cristiano (39,386 militantes) y Peruanos Unidos (34,600 militantes) sólo lograría unos 70 mil votos.
Es decir, tenemos muchos casos (los mencionados nos son los únicos) en los cuales ni sus militantes votan por ellos.
Claramente, tenemos un sistema electoral y de partidos que no funciona. Por lo que varios hemos dejado de pensar en posibles reformas y estamos considerando que la opción más razonable es hacerle caso a los que inventaron la democracia en la Grecia clásica: las elecciones no son un buen mecanismo pues facilitan diversas formas de pervertir el sistema, la lotería cívica funciona mejor pero no podemos verla como una acción aislada. Por ejemplo, un parlamente formado por sorteo entre los ciudadanos con seguridad nos daría un resultado mejor que lo que hemos tenido en los últimos 10 años, pero necesita ir acompañado de cosas elementales como que el personal del Congreso sea de carrera y asociado a las comisiones como asesores especializados de éstas, y no que tener contratos a discreción de los congresistas que luego le mocharán el sueldo, le encargarán que le cargue las bolsas del mercado o que le corte las uñas.
Necesitamos construir una opción política que esté dispuesta a plantear reformas serias profundas, pues, de lo contrario, seguiremos en esta espiral de decadencia. Simplemente pensemos en el tiempo transcurrido desde 1978 (con la Asamblea Constituyente): hemos pasado de un Congreso presidido por Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez a uno presidido por Fernando Rospigliosi, nada más ilustrativo de la decadencia. Hemos tenido candidatos malos en más de una ocasión, pero que uno que pelee la entrada a la segunda vuelta no sea capaz de articular una idea, mienta de modo sistemático, destile odio cada dos frases y, además, se exprese con el nivel de violencia y vulgaridad que hemos visto estos días … ya estamos muy en el fondo de la cloaca del infierno.
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